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Palabras de Diego Cardona en la sesión de instalación

Buenos días a todos y todas, es para mí muy grato participar en la primera sesión de este evento, que como bien dice el logo general que han diseñado, es el Primer Congreso Latinoamericano de Integración Regional y Desarrollo Sostenible, lo cual quiere decir que habrá más de un primero y eso es un buen asunto.

En segundo lugar, algo que yo le expresaba a la doctora Maritza, la rectora de la Universidad Cooperativa, que es también muy grato para mí desde el punto de vista personal; porque hace mil años ya, en el comienzo de mi vida universitaria como profesor, comencé en la vieja Universidad Cooperativa INDESCO, como se llamaba en ese entonces, que funcionaba en la avenida caracas con calle 37. Desde hace muchísimo tiempo no había vuelto a la universidad, pero es realmente muy grato poder de nuevo estar presente.

Yo quiero, simplemente, compartir con ustedes un punto a partir de lo que Edgar, a quien agradezco mucho la invitación, ha mencionado; pero quiero verlo desde otra manera y quiero comenzar simplemente con cuatro ejemplos muy rápidos y muy fáciles de entender en la historia de la ciencia y la tecnología, creo que pueden servir.

Primero, es la historia de la navegación de los barcos de vela. Los barcos de vela fueron cada vez más complejos, cada vez más grandes, tuvieron mayor cantidad de velas para aprovechar la energía del viento, y los avances, el progreso en esa dirección, se veía como cada vez había barcos más gigantescos, más complejos, con velas cada vez más grandes, hasta que de pronto aparecieron los barcos a motor, y los barcos a motor desplazaron a los viejos barcos de vela, simplemente se trató de un desplazamiento tecnológico, A lo que voy es a lo siguiente: el avance, la investigación y la conceptualización cada vez más compleja del barco de vela no conducían necesariamente al barco de motor.

En segundo lugar, los caballos. Todos o casi todos, queremos los caballos, De pronto nos gusta la equitación, en fin, y observamos en la historia de la humanidad que el caballo, así como el perro, por ejemplo, fue un animal que acompañó durante miles de años a los seres humanos en su proceso como elemento de trabajo, como instrumento para la guerra, como elemento para distracción, como medio de transporte. Cualquier elaboración posterior al siglo XII, XIII, XIV sobre la crianza de caballos, no hubiera conducido automáticamente a la conceptualización del motor, de la bicicleta o del carro o de la moto, o de los elementos que hoy en día tenemos. Incluso, todavía tenemos un viejo rezago de ese proceso evolutivo de tantos miles de años, y es que decimos que un carro tiene tantos caballos de fuerza. Pero, yo a lo que voy es a lo mismo del barco, la elaboración sobre los conceptos de la época del caballo no necesariamente conducía a los conceptos nuevos.

Miremos la máquina de escribir. La máquina de escribir que ya implicaba un trabajo personalizado sobre los tipos movibles. Por más que se hubiera elaborado, por más que se hubiera desarrollado, no hubiera conducido jamás a la visión de los computadores que hoy día han desplazado completamente a la máquina de escribir, con otro concepto, con el mismo sentido utilitario.

Y finalizamos con uno que utilizamos todos los días, que se utiliza en todas partes del mundo independientemente de sectores, clases sociales, culturas e idiomas: los teléfonos. La evolución del teléfono fijo al teléfono celular no hubiera sido posible, simplemente elaborando más y más sobre el teléfono fijo, haciéndolo más complejo, más móvil, con quince estaciones posibles, con posibilidades de intercomunicación, con traductores incorporados, eso no conducía al teléfono celular, esto fue un concepto distinto.

Lo que estoy tratando de decir, es que a mí a veces me da la impresión de que, en algunos de los temas políticos, económicos y sobre todo en los temas de integración, seguimos trabajando todavía con los barcos de vela, los caballos, las máquinas de escribir y los teléfonos fijos. ¿Y esto a qué va? A que yo vengo con una cantaleta hace rato de que nosotros en América Latina tenemos que entender que el mundo cambió, y tenemos que entender que si bien es cierto que hay algunos de los conceptos tradicionales que todavía nos pueden servir; de alguna manera es necesario establecer algunos mecanismos de innovación reflexiva.

En América Latina lo que uno observa hoy en día, y voy a tratar de ser muy breve con esto, son tres modelos de integración o tres modelos de entendimiento para la creación de grandes espacios, llámelos económicos, políticos, como ustedes quieran, y los tres existen, los tres han funcionado bien o mal.

Hay un modelo, que es un modelo aperturista, que está hablando de libre comercio, que está hablando de atracción de inversiones, que habla sobre todo de acuerdos de libre comercio, que llama a esos acuerdos también acuerdos de integración. Algunos dirán que no lo son, pero eso ya es un tema conceptual. Y ese modelo es el proveniente de Asia sudoriental, es el que impera hoy en día en lo fundamental en la Alianza Pacífico, que además se concibe así misma, no como integración puramente regional, sino como integración birregional. Es decir, un poco el proyecto, aparentemente es la impresión que a uno le da viéndolo simplemente como analista; es que la Alianza Pacífico en el caso latinoamericano, es como la ASEAN de este lado, lo cual quiere decir que tendrá que haber mecanismos de compatibilización con la ASEAN, o sea la Alianza Pacífico del otro lado y se concibe como un gran espacio de integración. Todos los documentos están hablando de ese tema, con independencia de lo que pensemos los analistas a escala pacífico, es decir, a escala birregional.

Hay otro modelo que es el modelo tradicional, con el que nosotros crecimos y con el que tuvimos que ver a lo largo de nuestra vida. Yo he trabajado con la Comunidad Andina, trabajé con el MERCOSUR, fui diplomático en Bruselas, sitio que escogí por fortuna porque quería ver cómo marchaba un proceso de integración que funcionaba, y funcionaba muy bien en su momento y creo que sigue funcionando a pesar de todas las dificultades; que es el que podemos llamar modelo europeo, que todos conocemos y no vale la pena abundar en qué consiste. La idea de la Comunidad Andina era esa, quizás en el MERCOSUR había algo también de esos elementos, salvo que se les olvidó que la transferencia de soberanía es fundamental y entonces tenemos 80% de incumplimientos de lo pactado, simplemente porque no ha habido ratificación de una serie de acuerdos.  En la UNASUR, la idea también originalmente era esa; en las diecisiete reuniones de estructuración del tratado fundacional de la UNASUR, llegamos a la reunión octava con un proyecto que quería parecerse al de la Unión Europea, y por iniciativa de algunos países, desde la reunión novena hasta la diecisiete 17, simplemente quedó una secretaría débil con pocas capacidades. Después, algunos de los países, incluyendo algunos de los países más importantes de la UNASUR, incluyendo al más importante país de la UNASUR, tuvieron un nivel de representación ante la secretaría general sumamente bajo, que no pasaba de primeros secretarios o consejeros. Eso lo que dice es que les importa políticamente o que no les importa políticamente.

Y hay un tercer modelo, que está ahí, y es el viejo modelo de CAME o COMECON, más basado en la solidaridad, en el trueque, en bajar los costos de transacciones entre los países, que es el modelo de los países del ALBA. Y los tres modelos han estado en América Latina los últimos quince años, permanecen todavía, compiten entre ellos, es decir, no tenemos un modelo predominante, algo que Edgar mencionaba ahora, desde el punto de vista económico o político. Ese es un primer elemento que hay que considerar, para ver por qué no podemos seguir simplemente en automático diciendo “no, es que aquí las características de la integración según estos autores de hace 40 años son estas, y tenemos que ver si en América Latina se dan en la práctica esas características o no”. Yo creo que esa es la manera equivocada de abordar el tema.

En segundo lugar. quiero dejar sobre la mesa un asunto para contribuir a la preocupación, pero también a las soluciones. Yo creo que el problema no es únicamente el presidente Trump, creo que el problema es mucho más de fondo, lo cual no quiere decir que si Trump sale de la presidencia ya todo se arregla. El tema es algo profundo y es el siguiente: aquí hay algunos viejos amigos que son expertos en relaciones internacionales, que conocen bien la teoría de las relaciones internacionales y por eso entenderán muy bien lo que voy a decir. Lo que sucede en el fondo es que si concebimos que hay unas unidades, digamos unos globos aquí en este espacio, y esas grandes unidades son los grandes actores internacionales comenzando por los Estados; hay también, todos lo sabemos, múltiples actores internacionales, además de los Estados: Organizaciones, las grandes compañías, las corporaciones, las ONG´s, etc., pero comenzando por los Estados. Si entendemos que entre esos globos que tenemos aquí en este espacio tridimensional, hay unos elementos que establecen vasos comunicantes, llamemos a eso “sistema” o “elementos del sistema”, ¿qué es lo que sucede? Lo que sucede es que hasta hace más o menos unos 15 años, en la política internacional, no solamente la conceptualización, porque en la conceptualización es un tema que ya tiene 30 años; pero en la política internacional había un énfasis importante en la construcción del sistema, en la construcción de regímenes, OMC, un régimen sobre temas ambientales, el régimen sobre desarrollo sostenible, regímenes si se podían establecer algún día sobre temas como migraciones, ciencia o tecnología, el régimen del espacio exterior, un régimen para la Antártida, etc.

Y lo que entendemos es que, desde más o menos desde los años ochenta, finales de los ochenta, por ahí había un personaje en Estados Unidos, Mearscheimer, los especialistas en relaciones internacionales lo conocen muy bien, que es el elemento iluminador del “Tea party” y de toda esta corriente de la cual, o a la cual pertenece Trump, Trump es solamente uno más en esa gran corriente que se ha movido en una parte importante del mundo, que es la primera potencia económica, que todavía lo sigue siendo, y todavía sigue siendo más o menos tan importante como la sumatoria de las tres que le siguen. Uno no puede pensar simplemente con el deseo de que ya llegó a un mundo multipolar, porque eso no es así; llegaremos allá, pero todavía no estamos.

Entonces, ¿qué es lo que sucede en este tema? Que las teorías de Mearscheimer, esas teorías neorrealistas lo que están diciendo es una cosa clarísima, diáfana: para incrementar el poder de una de las unidades, llámese como se llame, lo que toca hacer no es fortalecer el sistema, lo que toca hacer es debilitar el sistema, fortalecer la propia unidad, y debilitar a las demás unidades. Pero, sobre todo, lo que toca hacer, dice esa teoría, es debilitar los sistemas, los regímenes, y esa es una teoría hoy en día imperante en la práctica política, por ejemplo, de los Estados Unidos; no así en el mundo académico que no siempre tiene los mismos tiempos, a veces coinciden, y cuando coinciden esto es una maravilla, en este caso no coinciden, y entonces simplemente para dejar un poco el tema, yo creo que hay que reflexionar sobre eso.

El tema es estructural, es mucho más estructural de lo que parece, y ahí es donde la reflexión académica por ahora tiene un papel fundamental que jugar, tiene un papel recogiendo las ideas básicas y las ideas de comunidad internacional y las ideas sistémicas; pero al mismo tiempo entendiendo que ya no podemos navegar con los barcos de vela, salvo por razones deportivas; que ya no podemos seguir montando a caballo, salvo también por razones de distracción; que ya no podemos seguir escribiendo con la máquina de escribir, ni podemos seguir funcionando con teléfonos fijos, porque estamos en el mundo más nuevo de los carros, de los ferrocarriles, de los computadores, de los celulares, y además se vienen una o dos grandes revoluciones tecnológicas en el curso de los próximos 20 o 25 años.

Entonces yo lo que digo simplemente, y termino con esto, nosotros tenemos que tomar nota de que en América Latina no tenemos un solo esquema de integración, sería todo más fácil si así fuera. Con la Unión Europea no es que no hubiera habido dificultades, pero fue más fácil porque había un solo pensamiento político en el fondo; había izquierda, derecha: todo lo que ustedes quieran; pero las diferencias no eran tan grandes, las diferencias entre los diferentes modelos económicos no eran tan abruptas, había un elemento exterior que ayudaba a unificar que era el pánico “a qué pasaba con la Unión Soviética”, había un elemento de apoyo que eran los Estados Unidos.

En el caso latinoamericano hoy día, la situación es distinta. No podemos seguir funcionando en automático, como si estuviéramos en los años setenta cuando comenzó la Comunidad Andina. Y el otro es este elemento estructural, porque insisto, es estructural; lo cual quiere decir que va a ser más duradero de lo que parece, espero que no sea más allá de diez años, pero no va a ser dos años, no va a ser tres años, no depende de una persona, o de un dirigente o de un presidente, sino de una situación estructural en la política mundial, y nosotros tenemos que saber hacer esa reflexión.

Termino con eso, gracias.





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