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Palabras de Diego Cardona en la sesión de instalación

Buenos días a todos y todas, es para mí muy grato participar en la primera sesión de este evento, que como bien dice el logo general que han diseñado, es el Primer Congreso Latinoamericano de Integración Regional y Desarrollo Sostenible, lo cual quiere decir que habrá más de un primero y eso es un buen asunto.

En segundo lugar, algo que yo le expresaba a la doctora Maritza, la rectora de la Universidad Cooperativa, que es también muy grato para mí desde el punto de vista personal; porque hace mil años ya, en el comienzo de mi vida universitaria como profesor, comencé en la vieja Universidad Cooperativa INDESCO, como se llamaba en ese entonces, que funcionaba en la avenida caracas con calle 37. Desde hace muchísimo tiempo no había vuelto a la universidad, pero es realmente muy grato poder de nuevo estar presente.

Yo quiero, simplemente, compartir con ustedes un punto a partir de lo que Edgar, a quien agradezco mucho la invitación, ha mencionado; pero quiero verlo desde otra manera y quiero comenzar simplemente con cuatro ejemplos muy rápidos y muy fáciles de entender en la historia de la ciencia y la tecnología, creo que pueden servir.

Primero, es la historia de la navegación de los barcos de vela. Los barcos de vela fueron cada vez más complejos, cada vez más grandes, tuvieron mayor cantidad de velas para aprovechar la energía del viento, y los avances, el progreso en esa dirección, se veía como cada vez había barcos más gigantescos, más complejos, con velas cada vez más grandes, hasta que de pronto aparecieron los barcos a motor, y los barcos a motor desplazaron a los viejos barcos de vela, simplemente se trató de un desplazamiento tecnológico, A lo que voy es a lo siguiente: el avance, la investigación y la conceptualización cada vez más compleja del barco de vela no conducían necesariamente al barco de motor.

En segundo lugar, los caballos. Todos o casi todos, queremos los caballos, De pronto nos gusta la equitación, en fin, y observamos en la historia de la humanidad que el caballo, así como el perro, por ejemplo, fue un animal que acompañó durante miles de años a los seres humanos en su proceso como elemento de trabajo, como instrumento para la guerra, como elemento para distracción, como medio de transporte. Cualquier elaboración posterior al siglo XII, XIII, XIV sobre la crianza de caballos, no hubiera conducido automáticamente a la conceptualización del motor, de la bicicleta o del carro o de la moto, o de los elementos que hoy en día tenemos. Incluso, todavía tenemos un viejo rezago de ese proceso evolutivo de tantos miles de años, y es que decimos que un carro tiene tantos caballos de fuerza. Pero, yo a lo que voy es a lo mismo del barco, la elaboración sobre los conceptos de la época del caballo no necesariamente conducía a los conceptos nuevos.

Miremos la máquina de escribir. La máquina de escribir que ya implicaba un trabajo personalizado sobre los tipos movibles. Por más que se hubiera elaborado, por más que se hubiera desarrollado, no hubiera conducido jamás a la visión de los computadores que hoy día han desplazado completamente a la máquina de escribir, con otro concepto, con el mismo sentido utilitario.

Y finalizamos con uno que utilizamos todos los días, que se utiliza en todas partes del mundo independientemente de sectores, clases sociales, culturas e idiomas: los teléfonos. La evolución del teléfono fijo al teléfono celular no hubiera sido posible, simplemente elaborando más y más sobre el teléfono fijo, haciéndolo más complejo, más móvil, con quince estaciones posibles, con posibilidades de intercomunicación, con traductores incorporados, eso no conducía al teléfono celular, esto fue un concepto distinto.

Lo que estoy tratando de decir, es que a mí a veces me da la impresión de que, en algunos de los temas políticos, económicos y sobre todo en los temas de integración, seguimos trabajando todavía con los barcos de vela, los caballos, las máquinas de escribir y los teléfonos fijos. ¿Y esto a qué va? A que yo vengo con una cantaleta hace rato de que nosotros en América Latina tenemos que entender que el mundo cambió, y tenemos que entender que si bien es cierto que hay algunos de los conceptos tradicionales que todavía nos pueden servir; de alguna manera es necesario establecer algunos mecanismos de innovación reflexiva.

En América Latina lo que uno observa hoy en día, y voy a tratar de ser muy breve con esto, son tres modelos de integración o tres modelos de entendimiento para la creación de grandes espacios, llámelos económicos, políticos, como ustedes quieran, y los tres existen, los tres han funcionado bien o mal.

Hay un modelo, que es un modelo aperturista, que está hablando de libre comercio, que está hablando de atracción de inversiones, que habla sobre todo de acuerdos de libre comercio, que llama a esos acuerdos también acuerdos de integración. Algunos dirán que no lo son, pero eso ya es un tema conceptual. Y ese modelo es el proveniente de Asia sudoriental, es el que impera hoy en día en lo fundamental en la Alianza Pacífico, que además se concibe así misma, no como integración puramente regional, sino como integración birregional. Es decir, un poco el proyecto, aparentemente es la impresión que a uno le da viéndolo simplemente como analista; es que la Alianza Pacífico en el caso latinoamericano, es como la ASEAN de este lado, lo cual quiere decir que tendrá que haber mecanismos de compatibilización con la ASEAN, o sea la Alianza Pacífico del otro lado y se concibe como un gran espacio de integración. Todos los documentos están hablando de ese tema, con independencia de lo que pensemos los analistas a escala pacífico, es decir, a escala birregional.

Hay otro modelo que es el modelo tradicional, con el que nosotros crecimos y con el que tuvimos que ver a lo largo de nuestra vida. Yo he trabajado con la Comunidad Andina, trabajé con el MERCOSUR, fui diplomático en Bruselas, sitio que escogí por fortuna porque quería ver cómo marchaba un proceso de integración que funcionaba, y funcionaba muy bien en su momento y creo que sigue funcionando a pesar de todas las dificultades; que es el que podemos llamar modelo europeo, que todos conocemos y no vale la pena abundar en qué consiste. La idea de la Comunidad Andina era esa, quizás en el MERCOSUR había algo también de esos elementos, salvo que se les olvidó que la transferencia de soberanía es fundamental y entonces tenemos 80% de incumplimientos de lo pactado, simplemente porque no ha habido ratificación de una serie de acuerdos.  En la UNASUR, la idea también originalmente era esa; en las diecisiete reuniones de estructuración del tratado fundacional de la UNASUR, llegamos a la reunión octava con un proyecto que quería parecerse al de la Unión Europea, y por iniciativa de algunos países, desde la reunión novena hasta la diecisiete 17, simplemente quedó una secretaría débil con pocas capacidades. Después, algunos de los países, incluyendo algunos de los países más importantes de la UNASUR, incluyendo al más importante país de la UNASUR, tuvieron un nivel de representación ante la secretaría general sumamente bajo, que no pasaba de primeros secretarios o consejeros. Eso lo que dice es que les importa políticamente o que no les importa políticamente.

Y hay un tercer modelo, que está ahí, y es el viejo modelo de CAME o COMECON, más basado en la solidaridad, en el trueque, en bajar los costos de transacciones entre los países, que es el modelo de los países del ALBA. Y los tres modelos han estado en América Latina los últimos quince años, permanecen todavía, compiten entre ellos, es decir, no tenemos un modelo predominante, algo que Edgar mencionaba ahora, desde el punto de vista económico o político. Ese es un primer elemento que hay que considerar, para ver por qué no podemos seguir simplemente en automático diciendo “no, es que aquí las características de la integración según estos autores de hace 40 años son estas, y tenemos que ver si en América Latina se dan en la práctica esas características o no”. Yo creo que esa es la manera equivocada de abordar el tema.

En segundo lugar. quiero dejar sobre la mesa un asunto para contribuir a la preocupación, pero también a las soluciones. Yo creo que el problema no es únicamente el presidente Trump, creo que el problema es mucho más de fondo, lo cual no quiere decir que si Trump sale de la presidencia ya todo se arregla. El tema es algo profundo y es el siguiente: aquí hay algunos viejos amigos que son expertos en relaciones internacionales, que conocen bien la teoría de las relaciones internacionales y por eso entenderán muy bien lo que voy a decir. Lo que sucede en el fondo es que si concebimos que hay unas unidades, digamos unos globos aquí en este espacio, y esas grandes unidades son los grandes actores internacionales comenzando por los Estados; hay también, todos lo sabemos, múltiples actores internacionales, además de los Estados: Organizaciones, las grandes compañías, las corporaciones, las ONG´s, etc., pero comenzando por los Estados. Si entendemos que entre esos globos que tenemos aquí en este espacio tridimensional, hay unos elementos que establecen vasos comunicantes, llamemos a eso “sistema” o “elementos del sistema”, ¿qué es lo que sucede? Lo que sucede es que hasta hace más o menos unos 15 años, en la política internacional, no solamente la conceptualización, porque en la conceptualización es un tema que ya tiene 30 años; pero en la política internacional había un énfasis importante en la construcción del sistema, en la construcción de regímenes, OMC, un régimen sobre temas ambientales, el régimen sobre desarrollo sostenible, regímenes si se podían establecer algún día sobre temas como migraciones, ciencia o tecnología, el régimen del espacio exterior, un régimen para la Antártida, etc.

Y lo que entendemos es que, desde más o menos desde los años ochenta, finales de los ochenta, por ahí había un personaje en Estados Unidos, Mearscheimer, los especialistas en relaciones internacionales lo conocen muy bien, que es el elemento iluminador del “Tea party” y de toda esta corriente de la cual, o a la cual pertenece Trump, Trump es solamente uno más en esa gran corriente que se ha movido en una parte importante del mundo, que es la primera potencia económica, que todavía lo sigue siendo, y todavía sigue siendo más o menos tan importante como la sumatoria de las tres que le siguen. Uno no puede pensar simplemente con el deseo de que ya llegó a un mundo multipolar, porque eso no es así; llegaremos allá, pero todavía no estamos.

Entonces, ¿qué es lo que sucede en este tema? Que las teorías de Mearscheimer, esas teorías neorrealistas lo que están diciendo es una cosa clarísima, diáfana: para incrementar el poder de una de las unidades, llámese como se llame, lo que toca hacer no es fortalecer el sistema, lo que toca hacer es debilitar el sistema, fortalecer la propia unidad, y debilitar a las demás unidades. Pero, sobre todo, lo que toca hacer, dice esa teoría, es debilitar los sistemas, los regímenes, y esa es una teoría hoy en día imperante en la práctica política, por ejemplo, de los Estados Unidos; no así en el mundo académico que no siempre tiene los mismos tiempos, a veces coinciden, y cuando coinciden esto es una maravilla, en este caso no coinciden, y entonces simplemente para dejar un poco el tema, yo creo que hay que reflexionar sobre eso.

El tema es estructural, es mucho más estructural de lo que parece, y ahí es donde la reflexión académica por ahora tiene un papel fundamental que jugar, tiene un papel recogiendo las ideas básicas y las ideas de comunidad internacional y las ideas sistémicas; pero al mismo tiempo entendiendo que ya no podemos navegar con los barcos de vela, salvo por razones deportivas; que ya no podemos seguir montando a caballo, salvo también por razones de distracción; que ya no podemos seguir escribiendo con la máquina de escribir, ni podemos seguir funcionando con teléfonos fijos, porque estamos en el mundo más nuevo de los carros, de los ferrocarriles, de los computadores, de los celulares, y además se vienen una o dos grandes revoluciones tecnológicas en el curso de los próximos 20 o 25 años.

Entonces yo lo que digo simplemente, y termino con esto, nosotros tenemos que tomar nota de que en América Latina no tenemos un solo esquema de integración, sería todo más fácil si así fuera. Con la Unión Europea no es que no hubiera habido dificultades, pero fue más fácil porque había un solo pensamiento político en el fondo; había izquierda, derecha: todo lo que ustedes quieran; pero las diferencias no eran tan grandes, las diferencias entre los diferentes modelos económicos no eran tan abruptas, había un elemento exterior que ayudaba a unificar que era el pánico “a qué pasaba con la Unión Soviética”, había un elemento de apoyo que eran los Estados Unidos.

En el caso latinoamericano hoy día, la situación es distinta. No podemos seguir funcionando en automático, como si estuviéramos en los años setenta cuando comenzó la Comunidad Andina. Y el otro es este elemento estructural, porque insisto, es estructural; lo cual quiere decir que va a ser más duradero de lo que parece, espero que no sea más allá de diez años, pero no va a ser dos años, no va a ser tres años, no depende de una persona, o de un dirigente o de un presidente, sino de una situación estructural en la política mundial, y nosotros tenemos que saber hacer esa reflexión.

Termino con eso, gracias.

 

 

Palabras Rectora Maritza Rondón Rangel en I Congreso del GRIDALE

Muy buenos días a todos: un saludo muy especial a las personas que están conectadas, a todos los presentes, a los académicos que vienen de diferentes partes del mundo, a mis compañeros de la mesa.

Hoy es un día histórico para la Universidad Cooperativa de Colombia. Estamos realizando un evento más, de todos los que hemos venido programando en la celebración de los 60 años de nuestra institución. Hoy estamos viviendo momentos muy especiales en el mundo, en temas como la producción del conocimiento, la circulación de la información, las nuevas formas de poder, el renovado y protagónico papel del ciudadano entre otras. Retos que en muchos casos hemos sabido afrontar adecuadamente y que demandan de la academia respuestas más oportunas, articuladas y compartidas. Por eso, para la Universidad Cooperativa de Colombia en el marco de la celebración de 60 años es motivo de gran satisfacción instalar hoy el Primer Congreso Latinoamericano de Integración Regional y Desarrollo Sostenible, que avanza en la ruta de encontrar algunas propuestas.

Ha sido un propósito de la Universidad Cooperativa de Colombia en los últimos años incorporar y trabajar las problemáticas mundiales vinculadas con el contexto de las relaciones internacionales, las consecuencias del proceso globalizador y los desarrollos de procesos de integración. Para ello, creamos hace cerca de tres años el Centro de Pensamiento Global –CEPEG- con la dirección del profesor y amigo, Edgar Vieira Posada, que a su vez ha sido gestor y promotor de la creación del Grupo de Reflexión sobre Integración y Desarrollo en América Latina y Europa –GRIDALE- grupo que celebra hoy y mañana su primer congreso de integración regional en un contexto de desarrollo sostenible.

En solo año y medio, el GRIDALE ha tenido enorme acogida y representatividad entre académicos que estudian la integración latinoamericana y europea. Formalizó su constitución hace poco menos de un año, por votación de sus miembros; aprobó los temas centrales de sus cuatro grupos de trabajo y estableció un comité de dirección de gran nivel, conformado por cinco académicos latinoamericanos y tres europeos, que junto con el profesor Vieira como coordinador general, han venido orientando las primeras tareas del grupo de reflexión.

A la fecha, el GRIDALE cuenta con más de 180 participantes académicos de más de 100 universidades de 30 países, de los cuales 9 países son europeos y 21 del continente americano. En nuestro continente, la presencia más fuerte es de Suramérica, además de Colombia, de países del cono sur. Por formación académica, la mayoría de sus participantes provienen de la ciencia política, el derecho, la economía y las relaciones internacionales. El nivel de publicaciones de sus miembros es excelente, lo cual aporta gran representatividad académica al grupo de reflexión.

Citando al profesor Vieira “el momento de conformación del GRIDALE, coincide en momentos críticos del sistema internacional, con tendencias neoproteccionistas o neonacionalistas, que se pueden traducir en el freno y el desmonte de avances realizados durante décadas en el relacionamiento mundial y en la marcha y consolidación de procesos de integración”. De allí la gran responsabilidad que asumen ustedes, académicos del mundo, para analizar en profundidad las causas de estos cambios, sus efectos, consecuencias y las formas de afrontarlos y de establecer reflexiones sobre alternativas para superarlos y reestablecer condiciones favorables de integración latinoamericana.

Mayor inquietud genera para la sociedad cuál seguirá siendo el impacto de los cambios tecnológicos como la inteligencia artificial, la robotización, y el internet de las cosas que han venido revolucionando las condiciones y fuerza de trabajo, exigiendo altísimos niveles de calificación basada en el conocimiento, en una revolución al interior del capitalismo que pasa a ser un capitalismo cognitivo y que en el desarrollo de formas de economía colaborativa, debiera aceptar una mayor presencia de la economía solidaria, razón de ser de nuestra institución.

El papel decisivo lo tendrá o determinará el conocimiento, que ya no es un simple factor de producción, sino la producción misma. Estamos ante una nueva forma de desarrollo sustentada en la innovación absoluta. Nos cabe entonces una responsabilidad a las universidades y por ende a las personas que trabajamos en ella, de dar respuestas a este reto de educar profesionales con un alto sentido humano, pero con altos estándares de conocimiento, tema que debería ser abordado en las propuestas sobre armonización de políticas de relanzamiento de los procesos de integración de América Latina. Se trata de la responsabilidad de las instituciones de educación superior, de atender los requerimientos de la cuarta revolución industrial, en la cual ingresó ya el planeta.

Como ven, tenemos más retos y preguntas que respuestas, por ello, se hace necesario que grupos de investigadores como el GRIDALE nos ayuden a recorrer esta ruta y aportarle a sociedad lo que espera de las instituciones de educación.

Antes de instalar formalmente este evento, quiero aprovechar este espacio para agradecer de manera muy especial, a todos y cada una de las personas que hicieron realidad que hoy estuviéramos aquí, como van a poder apreciar cada detalle, la calidad académica demuestra el compromiso y el amor de todos por hacer una universidad mejor y un mundo mejor, muchísimas gracias.

 

Reflexiones del coordinador general del GRIDALE Edgar Vieira Posada en la instalación del I Congreso Latinoamericano de Integración.

Estimada Rectora de la Universidad Cooperativa de Colombia, Maritza Rondón Rangel; estimado embajador y catedrático de relaciones internacionales, Diego Cardona; estimadas directivas de la Universidad Cooperativa de Colombia; estimados colegas internacionales y nacionales integrantes del GRIDALE; apreciados asistentes:

Muy bienvenidas todas y todos a este primer congreso latinoamericano de integración regional en un contexto de desarrollo sostenible, que constituye el primer encuentro formal de un número tan significativo y representativo de académicos vinculados al Grupo de Reflexión sobre Integración y Desarrollo en América Latina y Europa – GRIDALE. A la Rectora Maritza Rondón Rangel y directivas de la Universidad Cooperativa de Colombia, nuestro profundo agradecimiento por hacer posible este encuentro, que coincide con la celebración de los 60 años de la universidad.

La respuesta de la academia latinoamericana y europea a nuestra convocatoria hace escaso año y medio, ha sido sorprendente, tanto en el número de participantes, como especialmente en la representatividad de los académicos vinculados, que constituyen lo más significativo del actual pensamiento sobre integración latinoamericana en América latina y en Europa. De allí la enorme responsabilidad que tenemos de contribuir con reflexiones adecuadas, a la identificación de soluciones para relanzar y profundizar la integración en el continente, en un contexto mundial particularmente difícil para las relaciones internacionales y para la integración.

La generalización de un amplio proceso globalizador de carácter multidimensional, desde finales de los años ochenta, soportado en grandes cambios tecnológicos, condujo a un mundo interconectado e interdependiente, favorable a la apertura y a la inserción internacional. Así, la integración latinoamericana y caribeña, pasó en la década de los noventa de un regionalismo cerrado y proteccionista de décadas anteriores, a un regionalismo abierto de economía de mercado y de inserción en la economía global, fundamentado en acuerdos regionales y organizaciones multilaterales, que priorizó los vínculos económicos y el libre comercio en la CAN, el MERCOSUR, el Mercado Común Centroamericano y CARICOM. Pero el regionalismo abierto implicó un freno a la armonización de políticas y a la construcción de mercados comunes previstos en los procesos de integración, pues era suficiente profundizar la fase del libre comercio.

Los ajustes a comienzos del siglo XXI hechos por los gobiernos denominados progresistas, de un regionalismo postliberal o posthegemónico; no sólo reorientó los procesos de integración hacia lo político y lo social, sino que en casos como el ALBA y algunos integrantes del MERCOSUR, planteó un modelo neoproteccionista, de desarrollo endógeno y antiimperialista, que dividió ideológicamente la integración en América Latina.

Tal división se vio agravada con el surgimiento en la presente década de un proceso defensor del libre comercio y la inserción internacional, como es la Alianza del Pacífico (AdP); con las divisiones producidas al interior de la CAN y del SICA por concepciones opuestas sobre desarrollo e integración, y con los recientes cambios políticos producidos en Argentina y Brasil hacia un nuevo regionalismo abierto. Esto ha afectado la continuidad y buen funcionamiento de organizaciones recientes como la UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que se encuentran semiparalizadas en su accionar. La realidad es pues, la de una integración latinoamericana sin rumbo preciso, que navega entre regionalismo abierto, regionalismo postliberal y regionalismo estratégico hacia afuera.

A estas dificultades en Latinoamérica se suman otras en la integración europea con las oleadas migratorias, la desconfianza hacia las instituciones comunitarias y el resurgimiento de peligrosos nacionalismos que ocasionaron el retiro del Reino Unido de la Unión Europea, y que han motivado al Presidente Macron a proponer una refundación de la integración europea.

Y lo que terminó de convencer a la academia de no permanecer indiferente y contar con un Grupo de Reflexión, han sido los cambios en la geopolítica mundial con la llegada a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump y su avasalladora política de “América first”. En este congreso se hará referencia más detallada a este difícil contexto mundial, por lo cual solo menciono ciertos hechos, que evidencian cada día, la conveniencia de haber creado el Grupo de Reflexión del GRIDALE y el alcance de nuestras responsabilidades.

Los fundamentos del sistema internacional están siendo alterados y desconocidos por el presidente Trump. El trato a México, con muro fronterizo, maltrato a la inmigración y renegociación a la fuerza del NAFTA; la denuncia del acuerdo nuclear con Irán;  las medidas proteccionistas frente a Europa y la alteración de las relaciones transatlánticas; el desconocimiento del acuerdo de París sobre cambio climático y de las Resoluciones del Consejo de Seguridad; la apertura de la embajada de EEUU en Jerusalén;  el ultimátum en materia comercial y las represalias a China, y el no acompañamiento del G-7; son medidas de fuerza que minan el multilateralismo, los acuerdos comerciales existentes y el diálogo y la estabilidad del sistema internacional, al considerar a varias regiones amigas como un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos, mientras se cede el liderazgo de la apertura mundial y del proceso de globalización a China.

Los hechos someramente indicados, justifican la necesidad de que la academia interactúe en la identificación de alternativas y dimensiones de las reformas a llevar a cabo, en la reorientación de los procesos de integración de América latina, en temáticas tan variadas como las que se han establecido en los cuatro grupos de trabajo.

El Grupo 1, sobre la razón de ser de la integración en el siglo XXI y la conveniencia de una nueva conceptualización teórica de la integración latinoamericana que otorgue claridad a los objetivos a alcanzar;

el Grupo 2 sobre armonización multidimensional de políticas para superar la disyuntiva entre integración económico-comercial e integración político-social, en un contexto mundial de desarrollo sostenible que incorpora nuevos temas a armonizar;

el Grupo 3 sobre limitaciones en la institucionalidad que perjudican la gobernabilidad  mundial y la necesaria profundización de espacios de participación en una gobernanza multinivel, hasta ahora inexistente en América Latina, que refuerce el papel de las regiones y de la sociedad civil;

y el Grupo 4 sobre revalorización y reforzamiento de lo multilateral ante la generalización de negociaciones regionales y bilaterales, que reducen las condiciones favorables a alcanzar por los países en desarrollo, con el fin de recuperar un entorno multilateral que facilite a los procesos latinoamericanos de integración, una mejor inserción en un mundo multipolar.

En los trabajos a desarrollar, sería conveniente el mantenimiento de principios fundamentales e inamovibles de la integración, como la concepción universalista kantiana de un sistema internacional de vínculos sociales transnacionales, donde la política internacional es un juego cooperativo; que marque la diferencia frente a la concepción hobbesiana de una política internacional basada en el ejercicio de la fuerza en una sociedad anárquica, en la que los intereses de cada Estado son incompatibles con los del otro, con la anulación de la cooperación y las dificultades para la integración.

Esta concepción idealista es la que puede permitir a la integración latinoamericana recuperar propósitos asociativos y mancomunados propios de la integración y desarrollar soberanías compartidas, en vez de la integración actual a medio construir, sin continuidad, sin institucionalidad suficiente, sin voluntad política que la sustente, diseñada desde posicionales nacionales aislacionistas, influenciadas por hiperpresidencialismos caudillistas característicos de buena parte de los gobiernos latinoamericanos.

El rescate de unas ideas y unos principios fundamentales de la integración, se debe acompañar de una contextualización teórica que acompañe las negociaciones en los procesos para tener unos objetivos de adónde se quiere llegar, de una hoja de ruta que evite la improvisación y los retrocesos.

La integración en América latina debe superar modelos de desarrollo divergentes de un regionalismo abierto neoliberal y un regionalismo postliberal neoproteccionista y estatista, para avanzar hacia lo que el INTAL ha llamado un “regionalismo inteligente”, que concrete el acercamiento entre la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR.

Que pase como sugiere Dani Rodrik, del Estado benefactor al Estado innovador, con apoyo a la transferencia de tecnología en sectores estratégicos que mejoren su competitividad, para atender no sólo los mercados regionales sino los mercados globales. Con el reto para los procesos de integración latinoamericanos, de acomodarse a los cambios de tecnologías disruptivas de una cuarta revolución industrial, como la robótica, la nanotecnología, la biogenética, la impresión 3D, la informática del futuro, internet de las cosas y la inteligencia artificial.

El mundo actual es el del conocimiento y la innovación, y la integración se debe adaptar a este contexto internacional. Desde la periferia se siguen colocando rubros primarios, mientras se compra a los del centro productos de alta y media tecnología. Luego de una inconveniente reprimarización de las exportaciones latinoamericanas en la década pasada, que hizo perder avances en la modificación de la estructura exportadora lograda en los procesos de integración en las décadas de los años 80 y 90; se debe impulsar la incorporación de valor agregado y el emprendimiento mediante el desarrollo de cadenas globales de valor que permitan colocar rubros con contenido tecnológico.

Para el aprovechamiento de estos encadenamientos productivos, la integración latinoamericana debe profundizar los proyectos de integración física y conectividad contemplados en la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) y en el Proyecto Mesoamericano (Antiguo Plan Puebla-Panamá), con transparencia en las obras de conectividad física frente a los altos niveles de corrupción.

Es responsabilidad también de la integración latinoamericana, alcanzar un desarrollo social y sostenible que reduzca la inequidad y acabe con los riesgos ambientales, a través de nuevas herramientas de trabajo y de hábitos más respetuosos con el medio ambiente, que contribuyan a avanzar  en la mitigación y adaptación al cambio climático; así como a la creación de nuevas oportunidades de negocios vinculadas a la bioeconomía y la agricultura sostenible.

A nivel institucional, la ALADI podría brindar un marco de negociación adecuado e instrumentos apropiados y sub-utilizados como los diferentes tipos de acuerdos de alcance parcial, para llevar adelante la “convergencia en la diversidad” en el espacio regional latinoamericano, de países del Mercosur, de la Alianza del Pacífico y del Sistema Centroamericano, con el establecimiento de vasos comunicantes entre los procesos de transformación productiva y la inserción internacional de los dos bloques.

En aspectos normativos de la gobernabilidad mundial, las dificultades para finalizar la Ronda de Doha y la peligrosa estrategia unilateralista del presidente Donald Trump, son un grave riesgo para la continuidad del marco multilateral de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La situación se agrava con el desarrollo por fuera de la OMC de acuerdos mega-regionales”, con temas OMC plus, de estándares más exigentes que trasladan fuera del marco multilateral la definición de normas en materias ambientales y laborales, derechos digitales o la solución de diferencias entre Estados y corporaciones, que van más allá de lo que los países en desarrollo lograrían en una negociación multilateral.

¡Estamos ad portas de una peligrosa guerra comercial y del desmantelamiento del marco multilateral! Esta coyuntura otorga mayor validez y responsabilidad al Grupo de Reflexión, en la formulación de recomendaciones que permitan la reactivación de lo multilateral como marco para la inserción internacional de los procesos de integración latinoamericanos, en un mundo multipolar pero compartimentado.

Y para lograrlo, se debe aprovechar que todavía la integración regional cuenta con amplio consenso entre los latinoamericanos, como lo muestra un reciente estudio del Latinobarómetro, en el que 7 de cada 10 personas consultadas, apoyan la integración en términos económicos, y 6 de cada 10, apoyan también la integración política; y por procesos de integración, 81% de los ciudadanos del MERCOSUR y 74% de los de los países de la Alianza del Pacifico (AdP), están de acuerdo con la integración económica latinoamericana.

Los académicos agrupados en el GRIDALE tenemos pues grandes responsabilidades frente a la crisis de la integración y al cuestionado orden mundial; y debemos interactuar organizadamente en la identificación de alternativas y dimensiones de las reformas a llevar a cabo, de la reorientación de los procesos de integración, de la cohabitación de modelos diferentes de desarrollo en un contexto de desarrollo sostenible y de la sustentación conceptual de un marco teórico que otorgue claridad y precisión a los objetivos a alcanzar en los procesos de integración de América latina. Ese es el alcance de los trabajos a desarrollar en este Congreso y de los subsiguientes trabajos del GRIDALE!

Muchas gracias

 

Conferencia Andrés Malamud:

“Crisis del multilateralismo y crisis de la integración: perspectivas latinoamericanas y europeas”

 

Buenos días, es una alegría enorme estar acá, aunque me dejaron poco tema para hablar. Me van a evitar algunas repeticiones, pero es una alegría enorme estar en la Universidad Cooperativa. Le agradezco especialmente al profesor Edgar Vieira, porque me encuentro con un montón de gente, un montón de amigos, algunos mayores que yo, de los cuales aprendí mucho, otros más jóvenes que yo, como Félix, de los cuales sigo aprendiendo.

Así que es una ocasión especial, en la cual quiero marcar una serie de puntos para defenderme antes de empezar. Nuestra responsabilidad de la que recién se hablaba, no es la defender, es la de entender. Un ciudadano indignado es un buen ciudadano, un académico indignado es un mal académico. Nosotros tenemos como función entender lo que pasa en el mundo, entender por qué el barco a vela no sirve más y qué es lo que está navegando en este momento.

Quiero recordar que los principales politólogos que estudiaron la democracia, habían sido antes especialistas en autoritarismo. Juan Linz, quien fue uno de los primeros en entender la diferencia entre presidencialismo y parlamentarismo, estudió antes cómo quebraban los regímenes democráticos en Europa. Guillermo O’Donell, antes de estudiar las transiciones, estudió el estado burocrático autoritario en América Latina. Por lo tanto nosotros tenemos que tener en claro qué es lo que no es integración, si queremos entender la integración, y si queremos entender también, cuando fracasa la integración.

Lo que voy a proponer es que hay dos conceptos que se oponen a la integración, uno estático y uno dinámico. Tenemos que tener esto en cuenta, para saber qué es lo que queremos entender. Lo contrario a integración como proceso dinámico es la desintegración, integramos un bloque regional, ese bloque regional se puede desintegrar por diferentes razones: se pueden ir los miembros, se puede disolver el todo, se pueden diluir las políticas que se habían compartido. Pero más interesante que esto, es lo opuesto de la integración estático, y lo que está en frente de la integración en el statu quo, es la soberanía. Soberanía es la opuesto a la integración. No siempre lo tenemos claro. UNASUR, por ejemplo, yo preferiría estar tomándome un café con el embajador para conocer cómo fueron esas 17 negociaciones. UNASUR dice en el mismo párrafo que favorece a la integración y favorece a la soberanía. “El agua fría y el agua caliente en el mismo balde”. Eso no es así, eso no funciona así y tenemos que ser conscientes de que los políticos dicen cosas por razones que tienen ellos, pero que no tenemos nosotros.

Nuestra función como académicos es entender por qué hay una contradicción en ese tratado que impide la integración.Y lo que podemos llegar a entender, es que está ahí precisamente para eso, la integración no es el objetivo de UNASUR. Vamos a ver un poco más, vamos a sacar esta foto incómoda que colocaron los organizadores. Esta frase es de Peter Katzensteinwe live in the world of regions”. La escribió en la década de los noventa, la volvió a escribir en 2002, y me gustaría cuestionarlo: ¿vivimos en un mundo de regiones? o ¿vivimos en un mundo de Estados? Creo que no vivimos ya en un mundo de imperios, ni en mundo de ciudades-estado. La pregunta es si superamos la etapa westfaliana del orden internacional, aquella que la organización regional, aquella que la integración regional se proponía superar. Lo que Katzenstein mismo dice, es que todo depende de cómo entendamos esto ¿qué significa una región? Es un concepto multidimensional, esto no explica nada.

Una región tiene varios componentes, vamos a ver cuáles son. Para el caso de América Latina, es diferente a todo lo demás, porque cuando hablamos de regiones en general, nos referimos a continentes. En América Latina, nosotros lo que hicimos fue, nosotros no, nuestros antepasados, construir un híbrido con dos palabras, una es geográfica: América, la otra es cultural: Latina, y esto es un componente que no está presente explícitamente en Asia, Europa o en África.

Tres conceptos diferentes que a veces utilizamos indistintamente: regionalismo, regionalización e integración regional. Nuestros líderes, nuestros estadistas, usan integración regional. Académicamente lo usan mal, políticamente lo usan bien, a ellos les sirve; pero nosotros como académicos, tenemos que saber que el lenguaje común, coloquial, tiene trampas, ambigüedades, imprecisiones. Tenemos que ser explícitos en esto, no criticar a los políticos que usan integración regional cuando no corresponde, sino saber nosotros en qué contexto está bien utilizado y en qué contexto no.

Esto es regionalización: las sociedades, los mercados, hacen cosas juntos, comercian, se casan, hacen turismo, van a estudiar, son las sociedades las que hacen cosas con los vecinos, a esto lo llamamos regionalización, cuando esas cosas se hacen en un área geográfica determinada.

Cuando son los Estados los que deciden hacer cosas con los vecinos, hablamos de regionalismo, desde arriba, y el regionalismo se manifiesta en tratados internacionales. Esos tratados pueden ser regulatorios, pueden ser de diferentes tipos (políticos, económicos) pero son los Estados los que hacen el regionalismo.

Hablamos de integración regional cuando están los dos componentes. Una cosa interesante es que los dos componentes se encuentran en Europa, pero en América Latina en general, lo que nosotros observamos es un “Suply-side integration”, integración desde arriba, los Estados. Mientras que en Asia, lo que observamos es lo contrario, es desde abajo, son las sociedades, los mercados, las diásporas las que se integran, y los Estados los que llegan tarde, y van regulando sin integrarse, manteniendo la soberanía.

Porque hay tres objetivos diferentes para hacer cosas con los vecinos. En un caso, es aumentar la escala, el beneficio de la escala favorece la producción, el comercio, la defensa. Pero tiene desventajas. Esto lo estudian muy bien los economistas Alesina y Spolaore. Las heterogeneidades aumentan con la escala y por lo tanto generan dificultades de coordinación.

La segunda meta, el segundo objetivo es la marca país. La Alianza del Pacífico, por ejemplo, tiene como objetivo, sobre todo, salir al mundo con reputación. No es integrarse con el vecino, el comercio en la Alianza del Pacífico es mínimo, buscan otra cosa, también hay normas de origen, otro intento de integrarse de otra manera, pero no es tanto lo que hacen entre los vecinos, sino cómo enfrentan cada uno de ellos al mundo.

Finalmente, la legitimación de los regímenes. Lo estudiamos durante mucho tiempo en África y lo tenemos presente en América Latina, sobre todo en el caso del ALBA. Los regímenes hacen cosas con los vecinos para mantener la legitimidad doméstica internacional.

Hay una serie de autores que voy a mencionar, que trabajan sobre estos temas desde hace por lo menos dos décadas. Algunos de ellos, la mayoría, son europeos: Philippe Schmitter, Andrew Hurrell, Thomas Risse, a veces con Tania Borsel, Carlos Closa, Detlef Nolte (está con nosotros), y Van Klaverent que es mitad y mitad entre europeo y latinoamericano. Son aquellos que distinguieron a lo largo de sus trabajos entre estas diferentes dimensiones de lo que llamamos integración regional. Pero no son siempre integración regional, son diferentes formas de hacer cosas con los vecinos, a veces esas cosas son económicas, a veces son de política exterior, y a veces son de política doméstica, el regionalismo les sirve a los gobiernos adentro.

Pero, ¿qué es la integración regional? ¡Sintetizando y simplificando, compartir soberanía! La integración regional es renunciar voluntariamente a actuar solo, atarse al mástil, siendo el mástil un vecino. No emitir moneda, porque no puede emitir moneda. Francia no puede emitir moneda; una de las principales potencias del mundo tiene la bomba nuclear, puede tirar la bomba atómica, pero no puede imprimir francos y no puede imprimir euros, y no puede cerrar las fronteras; renunció a la posibilidad de actuar solo. Gran Bretaña se quiere ir de la Unión Europea (UE), no puede, no puede desanudar ese nudo, no puede recuperar las funciones soberanas que se dio.

Eso es integración, si no hay eso, ahora veremos. Pero entonces, simplificando, la coordinación política, la organización política de la interdependencia económica en un espacio de continuidad geográfica, estos tres componentes tienen que estar, ninguno es suficiente, dos no son suficientes, tres son necesarios: política, economía y geografía. Fíjense cuan necesarios son. Es que esto es el origen de la Unión Europea.

La exposición reciente, la que me precedió, fue brillante; tuvo un par de cosas con las que no coincido, son menores, pero una fue pensar en la Unión Europea (UE) como el único caso y en América Latina como tres casos que coexisten. La Unión Europea, perdón, Europa pasó por lo mismo, pasó por una competencia darwiniana para ver quién era el más apto. Cuando comienza la Comunidad Económica Europea eran seis, en frente se le forma la EFTA con siete, y al otro lado el COMECON con seis. No estaban condenados a crear la Unión Europea (UE). Había tres mecanismos de integración, uno más profundo, uno más de mercado liberal y otro más de trueque, y este ganó. No sé si en América Latina va a pasar lo mismo, pero el proceso es similar, hay competencia entre modelos de regionalización y regionalismo y uno prevalece.

Aquí quiero hacer un destaque para la geografía, fíjense que hay algo que no está en azul, y hay algo que si está en azul y llama la atención. Lo que no está en azul, es un tercio de Alemania, porque naturalizamos la Unión Europea, naturalizamos la soberanía alemana. La Unión Europea es una producción excepcional, en un momento excepcional de la historia de Europa, en la cual el país más poderoso no tenía soberanía; y es también un momento en el cual el segundo país más poderoso era dueño de parte importante de África, dueño no, era África, el norte de África era Francia. Nunca hubo un tratado ni para que entre el este de Alemania ni para que salga el norte de África. Fueron divisiones o anexiones de países miembros; esto es algo que está sub-estudiado por la literatura, y sin embargo es lo que le dio la forma a la Unión Europea que conocemos hoy, Unión Europea de 28, quizás en vía de tornarse 27, pero de nuevo la geografía tiene sus cosas raras.

¿Consiguen ver lo que está ahí? la Guayana Francesa, el país más extenso de la Unión Europea es Francia. ¿Podría ser Dinamarca? Si Groenlandia fuera considerada, pero Groenlandia salió de la Unión Europea sin retirarse de Dinamarca. Por lo tanto, Francia es el país más extenso. La frontera más larga del país más extenso de la Unión Europea es con Brasil. Es más larga la frontera de la Guyana Francesa con Brasil, que la frontera de Francia con España. Esto significa que se puede cruzar a pie del Mercosur a la Unión Europea, los límites de la geografía, esto es la política, y esto es la economía. Como decía antes, ninguna de estas dimensiones es suficiente para entender este proceso complejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Ficklr.com

Este es un billete de 10 euros, que ya fue reemplazado por uno más nuevo. Este fue hecho antes de la ampliación del 2005, cuando Chipre se integra a la Unión Europea y después al Euro. En este billete, si ustedes buscan, no van a encontrar a Chipre, que es un país que tiene al euro como moneda, tuvieron que rediseñar el billete para incorporar a un país miembro, tuvieron que rediseñar la geografía. Pero en este billete está Brasil, Brasil aparece en los billetes de euros antes que Chipre. De nuevo relativicemos los absolutos.

Esto es el ALBA. Es quizás la única organización regional en la cual ningún país miembro tiene fronteras, con otro país miembro. ¿En qué cabeza cabe llamar regional a esto? Nadie es vecino de nadie, Honduras lo fue de Nicaragua, pero Honduras se fue del ALBA. Estamos utilizando conceptos que no se corresponden a las definiciones, que no se corresponden siquiera al sentido común. Es una utilización política decirle a esto una organización regional. No podemos aceptarlo acríticamente. Si queremos aceptarlo, discutamos los criterios, pongámonos de acuerdo, pero no puede ser sin reflexionar sobre esto.

¿Qué no es integración? Yo ya mencioné, desintegración es el proceso de regreso, de vuelta atrás, soberanía. Pero también hay un montón de cosas, de procesos, de hechos que muchas veces llamamos integración, porque los dirigentes lo llaman integración. Cuando se termina un conflicto territorial, un conflicto entre dos países vecinos, los presidentes dicen “se acabó el conflicto, ahora es tiempo de integración”. Y los que hacemos relaciones internacionales sabemos que lo opuesto del conflicto es la cooperación. La integración es un subconjunto muy pequeño de la cooperación, tomar cooperación por integración, es tomar el todo por la parte.

Más comercio, más intercambio, más turismo, más remesas, si es a nivel regional es regionalización, no es integración, no hay soberanía compartida.

Con Gian Luca Giardini trabajamos sobre esto, el cumbrismo, el hipercumbrismo, el hecho de que los presidentes latinoamericanos se reúnan dos veces por semana, en grandes reuniones, que les envidiamos porque comen muy bien, eso no es integración regional.

Comunicarse más fácil a través de las fronteras tampoco es integración, está muy bien, puede favorecer la integración regional, puede ser una causa, puede ser una consecuencia, los Estados firman tratados que reducen el peso de la frontera, pero no es el fenómeno en sí. Tener una bandera, tener un himno, tampoco es integración regional.

En parte y esto es importante, porque la identidad habitualmente baja la escala, la identidad no une, la identidad separa pequeños grupos. Lo que une son los intereses, yo sé que esto es un sesgo neo funcionalista que le estoy dando a la charla, pero es esto lo que muestra a los procesos que fueron exitosos. Entonces, o hay soberanía compartida o delegada o no hay integración, y que no haya integración no es necesariamente malo, puede haber otras cosas buenas, la integración surge como instrumento. Hoy nosotros le damos otro contenido, hoy nos parece un objetivo, esto lo vamos a ver dentro de un rato, pero es un instrumento para la paz y para el desarrollo.

Casos: En América latina me parece adecuado que analicemos bajo el prisma de la integración a todos estos bloques u organizaciones, porque todos ellos pretenden de una manera u otra compartir soberanía; aunque sea en la dimensión más bajita de todas, que es fijar un arancel común. Fijar un arancel común significa que los Estados ya no pueden fijar aranceles propios, se ataron las manos. Una zona de libre comercio no es integración en términos políticos, una unión aduanera sí, cuando funciona. La Comunidad Andina no, el NAFTA, y la Alianza del Pacífico, no estoy seguro, podrían serlo. Pero una cosa importante también para tener en claro, es que, siempre que hablamos de integración, significamos implícitamente desintegración.

La integración es preferencia por el vecino, por lo tanto, no preferencia por otro, pero en cuanto más agrandamos la escala, nuestros vecinos están más lejos de nosotros y están cerca de alguien que no es vecino. Integración latinoamericana es por definición desintegración norteamericana, es sacar a México de la órbita de Estados Unidos. Integración sudamericana es desintegración latinoamericana, porque es sacar a México. Siempre que hablamos de integración, tenemos que ver a quien se está excluyendo; la única integración total es global, es la globalización; integración regional por definición es también desintegración regional.

¿Cuándo no debemos hablar de integración en América Latina? La Organización de Estados Americanos, la UNASUR que pone la soberanía por encima, el TIAR, y por supuesto, que nada que ver tienen con la integración, la CELAC, que es un foro, el ALBA y Petrosur. Si le ponemos el mismo mote a todo esto, ese mote pierde significado; la integración dejó de significar, si con la misma palabra definimos a la CELAC y el MERCOSUR. Y fíjense, estas son veinte organizaciones escogidas en las cuales hay por lo menos un miembro latinoamericano. En América Latina hay veinte países, 18 hablan castellano, uno habla portugués, uno habla francés: Haití. Hay por lo menos tantas organizaciones regionales en América Latina como estados, lo que significa que la llamada “integración regional” no reduce la complejidad, la reproduce, entonces ¿para qué sirve?

Fíjense, aquí Carlos Portales, que está en Washington, chileno de origen, lo que hizo fue una comparación de presupuestos y staff: Personal que tienen algunas organizaciones seleccionadas en América Latina o en las Américas, mejor dicho, porque la OEA no es solo América Latina, la OEA es la más grande, con sedes en varios países; la sede más importante en Washington con centenares de personas que trabajan ahí. Viven de trabajar en esa organización con 150 millones de dólares de presupuesto. ¿Saben cuál es el presupuesto anual de la Unión Europa? Cien mil millones, más o menos, de euros, que, además, vale más que el dólar.

Todas las demás, son en cambio, muy poco dinero, muy pocos empleados, muy pocos objetivos, muy pocos instrumentos, muy pocos resultados. No se puede obtener más resultados con esta inversión, es decir, que los lideres dicen, pero no hacen, y no estoy criticando. Lo que voy a sugerir es que las causas por las cuales no hacen son estructurales, no son agenciales, no es problema de falta de voluntad política, es problema de falta de intensidad, no está la circunstancia, no está la necesidad. Hay muchos países de América Latina que no tienen grandes ejércitos, porque no precisan grandes ejércitos, porque no tienen amenazas en la vecindad. De la misma manera, no precisan integración, porque no tienen grandes mercados en la vecindad, ni tienen grandes países que provocan tecnología que ellos le puedan comprar.

Esto es simplemente un caso que quedó viejo, tengo que actualizarlo, pero es ¿cuántos de los países de MERCOSUR comercian entre sí? (línea azul) y ¿cuántos comercian con el resto del mundo? (línea roja) Uruguay y Paraguay dependen más de los vecinos que Argentina y Brasil, pero la dependencia mutua, la interdependencia regional en América Latina es muy baja. No nos necesitamos, nos queremos, nos sentimos bien, en el Mundial nos hacemos hinchas no siempre por los hermanos latinoamericanos; pero hay cariño, hay afecto, hay cultura, tradiciones, historia común; no hay necesidad común. En algunos casos sí, pero como ustedes saben, en Colombia es más defensiva que ofensiva; en estos momentos Colombia puede sufrir de Venezuela más de lo que puede ganar de Venezuela, en este momento, Colombia necesita coordinar con otros países, ¿qué hacer con la ola de refugiados de Venezuela? Pero justamente, lo que estamos tratando de evitar es la integración. Que no parezca, que lo que estoy haciendo es una crítica a América Latina.

Esto es Europa, la última década hasta la crisis, pero esto no cambió mucho. Los países de arriba son los países del norte, los países de abajo son los países del sur, y esto es cuenta corriente, superávit al norte, déficit al sur; la Unión Europea es un producto de los clivajes cruzados, como lo llamaban ellos; un país podía perder en alguna dimensión, pero ganaba en otra; lo que estamos viendo es que se convirtió en un producto de clivajes acumulativos, los que pierden son siempre los mismos, los que ganan son siempre los mismos.

La Unión Europea, que durante mucho tiempo no sabíamos si era un triciclo o una bicicleta, si podía parar y después arrancar, o si paraba y se caía, ahora sabemos que es una bicicleta. La integración en este estadio no está en equilibrio. Hay dos opciones, o sigue avanzando en lo que le falta (integración fiscal, eventualmente política) o retrocede en lo que tiene (integración monetaria). Es decir, ¿se acuerdan de Argentina 2001?  multiplíquenlo por 20). La situación en Europa hoy, parece de equilibrio, el famoso equilibrio inestable, es como un cuadro apoyado sobre el clavo en vez de estar colgado en el clavo, en algún momento se va a caer, ¿tiene arreglo? Tiene arreglo, ¿lo están arreglando? No a la velocidad necesaria.

Voy terminando con una distinción entre dos tipos de regionalismo, porque en América Latina hacemos regionalismo, los Estados se justan con los Estados, firman tratados y hacen cosas, pero es el regionalismo westfaliano. El objetivo del regionalismo en América Latina, como en Asia o en África, es reforzar la soberanía estatal, no trascenderla, no compartirla, no es atarse al vecino. En este aspecto original es Europa, América Latina es un caso más, es lo que se espera de las relaciones internacionales con ese juego de equilibrio o alineamiento.

Gary Marx y sus asociados hace mucho vienen trabajando en otra distinción que me parece muy importante, pero para este caso no es esencial, entre organizaciones que hacen muchas cosas y organizaciones que hacen una específica. Lo fundamental es, si hacen economía, integración económica, o si no la hacen. Si no hacen integración económica, no hacen integración. No existe la integración política sin previa integración económica.

La cuestión es que estamos testimoniando la emergencia de un mundo multipolar, todavía no lo es en la cúpula de la pirámide. Joseph Nye explica muy bien los tres tableros del poder, en términos militares Estados Unidos sigue siendo el “unipolo”, en términos económicos no; hay por lo menos tres, cada vez más, China es el más importante para América Latina y más abajo a nivel de la sociedad civil, hay muchos más, de la sociedad civil y del submundo.

Cada vez hay más eso sí, regionalización ilegal; la droga, la corrupción, y los refugiados son fenómenos de la regionalización importantísimos, son oscuros, son ilegales, son anti estatales; los Estados se oponen a eso, lo quieren regular, no lo consiguen, son las derrotas del regionalismo.

Jorge Garzón, quien ahora está en la Universidad Di Tella que era del GIGA, es uno de los que más argumentó a favor de entender lo que está pasando como un desacople entre la dimensión económica y la dimensión política. A nivel político la región importa, porque los vecinos hacen daño, nos pueden lastimar, tenemos que cuidarnos de los vecinos, cooperamos para cuidarnos. Cuando un país bombardea una base terrorista en otro país, el otro país se enoja y entonces nos juntamos para calmarlos. Cuando hay flujos de inmigrantes y refugiados, nos juntamos para tratar de regularlo; no es para crear bienes públicos, es para disminuir males públicos. Ese es el regionalismo político, no hay regionalismo económico, no hay intención de fusionar mercados, fusionar reglas y fusionar soberanía. Económicamente queremos que China nos abra su mercado, no el vecino.

Entonces lo que hacemos sí es cooperación, sí es concertación, pero no es integración. No está mal, no estoy criticándolo, estoy diciendo “esto es lo que se hace, no es lo otro y esto que se hace es por razones de interdependencia, no por falta de voluntad política, no es culpa de los lideres, los líderes latinoamericanos pueden ser malos, perversos, incompetentes y corruptos, pueden o no, pero no es por eso que no hay integración en América Latina”.

La última cosita al respecto, es que la integración en Europa fue habilitante, pudieron hacer más cosas porque estaban juntos; la integración en América Latina es restrictiva, podemos hacer menos cosas cuando estamos juntos. Un ejemplo muy sencillo, el MERCOSUR. Para tomar una decisión en el MERCOSUR la tiene que tomar el MERCOSUR e internalizar cada país miembro. Teniendo en cuenta que Venezuela está suspendida, son cuatro países miembros, hay que tomar cinco veces esa decisión, hasta que el quinto no lo hizo, esa decisión no está en vigencia, ni siquiera los tres que la aprobaron, retrasa la toma de decisiones, en vez de favorecerla.

¿Por qué seguimos hablando de integración entonces? Hay tres razones, la primera es porque nos pusimos la camiseta de la integración. ¿Por qué defendemos a Colombia, o a Argentina, o a México, Francia o Alemania? ¿Por qué somos nacionalistas? ¿Por qué son nacionalistas los que lo son? No es instrumental el nacionalismo, es un sentimiento; en muchos casos el regionalismo es un sentimiento, nos sentimos hermanos, la patria grande, nuestra América, porque sí. Existencialista en vez de instrumentalista. De nuevo, no hago crítica, estoy explicando por qué hay gente que defiende aquello que no está pasando.

La segunda razón es porque nos sirve, nos encanta juntarnos, vivimos de esto. Si no hubiera intento de integración ¿de qué conversaríamos en las conferencias? Esto lo permite. Eso que hicieron los lideres tratando de juntar a sus países, incluso cuando fracasen, incluso cuando mientan, nos dan esta oportunidad de pensar sobre esto y sobre otras cosas. Así que tenemos que estar agradecidos hasta de su fracaso y, ¿por qué lo hacen ellos? Porque hablar, primero, es gratis y segundo, es simpático. Decía Edgar ¿qué piensan los latinoamericanos? ¿Están a favor de la integración? No saben lo que es la integración. Pregúntenle a un brasilero si está de acuerdo en que su moneda se defina junto con Paraguay, o Paraguay si está de acuerdo con que los puertos, la política, la decida Uruguay. Están a favor de la integración porque creen que la integración es ser simpáticos entre nosotros. Si supieran que significa delegar soberanía a los vecinos no estarían a favor. Entonces, decir integración, suma votos, suma apoyo, es simpático. Hacer integración tiene el efecto contrario, es racional hablar a favor de la integración, sería irracional producirla.

Esto ya es viejo, se lo quería recordar a mis amigos brasileños en la sala. No es América Latina, no es el MERCOSUR, el mundo, lo que veía cuando Brasil tenía éxito. Cuando Brasil emergía era a Brasil emergiendo, no al MERCOSUR, no a UNASUR. Veían a Brasil, veían a los grandes Estados, las grandes potencias, este es el mundo que está volviendo.

¿Qué región es esta? Lo que estamos viendo es que en realidad, si la multipolaridad es una estructura del sistema internacional, el multilateralismo no es la estrategia adecuada. Por lo menos no es la estrategia que están adoptando los lideres para tratar con la multipolaridad. Multipolaridad no está trayendo multilateralismo, al contrario, está trayendo minilateralismo. Grupos, subgrupos, subgrupitos y ese minilateralismo a veces tampoco funciona: El G7 ¿qué más chico que eso se puede encontrar?  Ahora se va a reunir G20; si el G7 no se pone de acuerdo, imagínese lo que van a hacer cuando entren todos los demás chiquitos, esa es la cuestión ahora si el mismo Donald se atreve a venir a Buenos Aires.

Fuente: imagen editada por Miguel Ángel Ramírez

De nuevo, esto no es América Latina. Está pasando en el mundo, las crisis, las tensiones de la integración, se están manifestando también en la Unión Europea de manera muy evidente, los que viajan por Europa lo saben, los que ven los sondajes también. Italia fue, hasta hace una década, el país más pro europeo de la historia, y ahora los italianos son de los menos, de los más antieuropeos que uno se puede imaginar. El efecto de veinte años está cambiando lo económico, del cual se acusa al euro, tenga o no la culpa. Y lo más interesante de esto, es que esta es la visión de los países del sur: los países del norte haciendo sus necesidades sobre los pobres; en el norte piensan que es al contrario, que los países del sur hicieron la fiesta y les dejaron a ellos el desorden para limpiar al día siguiente.

No quiero que esto termine con un tono negativo, lejos de eso. Lo que parece importante es repetir lo que recién se dijo, esto no es culpa de Trump, Trump es un síntoma, Brexit es un síntoma, Trump tiene paralelos, contrapartes en Rusia, que es Putin, y en China, y en la India, y en Turquía. Los hombres fuertes están volviendo a las potencias fuertes, esa es la dinámica de los tiempos, son dinámicas de desintegración no de integración, y si queremos entender la integración tenemos que entender la desintegración. Muchas gracias.

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